El lago de Tacarigua o lago de Valencia, como comúnmente se le conoce, es el cuerpo de agua dulce sin salida al mar más grande de Venezuela y el segundo en importancia después del lago de Maracaibo. Cuenta con una extensión de 3.150 kilómetros cuadrados y tiene una prolongación de 344 kilómetros, sin contar que hay cerca de 22 ríos tributarios que fluyen en sus aguas.
Geológicamente la cuenca del lago de Valencia es bastante joven y es la única en Venezuela de tipo endorreica; es decir, que no tiene salida fluvial hacia el mar.
En el pasado, el lago resistió prolongados periodos de sequía que influyeron en la utilización de sus afluentes para labores agrícolas y en la creciente actividad industrial de la zona. Sin embargo, en la actualidad el problema del lago no se debe a su sequia, sino al aumento del nivel del agua; producto de varios factores: uno de tipo natural como las fuertes precipitaciones que han acaecido en el territorio venezolano lo cual aumenta la cota máxima del lago, y en segundo lugar, la interacción antrópica del hombre con su medio, como la desviación de las aguas de la cuenca del Orinoco (embalses de Pao Cachinche y Pao La Balsa, en el río Pao) hacia la cuenca endorreica del lago de Valencia, sin haber hecho los canales de drenajes para las aguas sobrantes.
Cabe destacar que la calidad del agua de este transvase no es la más adecuada, ya que vecinos y legisladores del estado Carabobo, aseguran que el agua que se vierte en el embalse de Cachinche y Pao la Balsa, no ha sido debidamente tratada y por lo tanto está contaminando también estos dos reservorios de agua.
El lago de Valencia antes de sufrir todos estos efectos causados por el hombre, vertía el exceso de sus aguas en la época de lluvia a la Cuenca del Río Orinoco, a través del río emisario (Río Paito), pero actualmente son las aguas del Orinoco, las que se vierten en el lago, ocasionando el desbordamiento del mismo y en consecuencia, llegan las inundaciones, los damnificados y las enfermedades.
Residentes de la zona denuncian la presencia de mosquitos vectores de enfermedades (dengue y malaria), además del cólera, asma, intoxicaciones, cuadros de diarrea y enfermedades de la piel. Irónicamente la cuenca de agua dulce más importante de Venezuela se ha convertido en una fuente de peligro sanitario para los carabobeños, cuyas denuncias sobre el mal estado y manejo de las aguas datan desde el 2005 a la actualidad.
En torno a esta problemática el Gobierno Nacional a través de la Compañía Hidrológica del Centro (Hidrocentro), ha puesto en marcha varios planes que, según la Coordinadora del proyecto de saneamiento y control del nivel del Lago de Valencia, la Ingeniera Civil Luigina Cercio, permitirán finalmente sanear el lago.
La construcción de colectores, la ampliación de las plantas de tratamiento, la construcción del transvase de Los Guayos (estado Carabobo) y el transvase de Taiguaguay (estado Aragua), eran parte de la solución propuesta por la compañía, que no solo sanearía el lago sino que también evitaría su posible desbordamiento en épocas de lluvia.
Pero, muchas de estas obras no fueron culminadas y en consecuencia el lago se sigue desbordando y se continúan vertiendo 14.000 litros de aguas residuales por segundo a la Cuenca del Lago de Valencia. Sin contar con que algunos cuerpos de agua que fueron desviados, no reciben el tratamiento adecuado y por lo tanto están contaminando otros dos embalses.
Venezuela cuenta con seis cuencas hidrográficas, entre las que destacaba la Cuenca del Lago de Valencia, por ser de tipo endorreica, única en el territorio. Si asumimos el hecho de que la Cuenca del Lago de Maracaibo está contaminada por la explotación de petróleo, y la Cuenca del Lago de Valencia está contaminada por el vertido de aguas residuales; solo le quedan al país cuatro cuencas hidrográficas aptas para la planificación y usos adecuados del agua en el territorio venezolano.

